Robert Plant - Band of Joy
1.Angel Dance
2.House of Cards
3.Central Two –O-Nine
4.Silver Rider
5.You Can´t Buy My Love
6.Falling in Love Again
7.The Only Sound that Matters
8.Monkey
9.Cindy, I´ll Marry you Someday
10.Harm´s Swift Way (Live)
11.Satan your Kingdom Must Come Down (Live)
12.Even this Shall Pass Away
¡Qué disco tan bueno se sacó de la manga Robert Plant en 2010! Hace ya muchos años que el vocalista de Led Zeppelin encontró un estilo adecuado al timbre de su macerada voz. La magnitud de su leyenda es incalculable, pero, como quien no quiere la cosa, lleva ya el doble de décadas entregado a su carrera en solitario respecto a la banda que empuñó el martillo de Thor y cinceló a golpes de talento el Heavy Metal y el Hard Rock tal como los entendemos hoy en día.
El pedigrí que otorga, eso sí, haber cantado en uno de los mejores combos de la historia, le facilita a uno la elección de colaboradores, y la posibilidad de orientar su carrera en la dirección que le de la gana, siempre con la calidad como referente, y en ese sentido, da igual que el señor Plant elabore un disco bajo la lona de una Jaima en el desierto del Sáhara, o cubierto por una mosquitera en los pantanos de Nueva Orleans.
Tras el bonito disco a dúo que publicó en 2007 con la rubia cantante country Alison Krauss, Plant tiró de agenda y se rodeó de gente de su confianza, se dejó las estridencias compositivas en un baúl en algún motel de carretera del estado de Louisiana, y, al ritmo del balanceo de la mecedora en el porche, nos regaló una preciosa colección de canciones, para escuchar en los momentos de respiro.
Lo que nadie debe esperar a estas alturas es que este hombre se meta en el estudio para grabar un “Led Zeppelin V”, pero es muy gratificante profundizar en su trayectoria solista y ver cómo ha ido evolucionando, hasta alcanzar este punto en que toca tantos palos, con esa clase y ese savoir faire reservado sólo para los elegidos. Este tío destila música por todos los poros de su piel, del mismo modo que Davy Jones, el capitán del Holandés Errante, destilaba la esencia del mar y sus leyendas bajo ese rostro de pesadilla cubierto de tentáculos.
Y los frutos de esa vida dedicada al arte que tanto amamos se palpan en la maestría -vacilona, rockera, sensible, exquisita según la ocasión lo requiera-, con que canta a lo largo de estas doce canciones.
En la tarea compositiva ha confiado en el song writer americano Buddy Miller, y para las versiones ha tirado de una serie de autores arcaicos cuyos nombres no nos dirán gran cosa, pero vamos, es Robert Plant, y sus archivos deben estar repletos de joyas. No va a perder el tiempo a estas alturas revisando “Purple Haze”, “Train Kept a Rollin´” o “Rockin´in the Free World”, cuando además es su poderosa personalidad interpretativa la que prevalece sobre todo lo demás.
Esa personalidad da cohesión a un conjunto en el que encontramos folk rock intenso en “House of Cards”; country fronterizo interpretado a sangre y fuego con pedal steel guitars, banjos y mandolinas en “Central Two-O-Nine”; rockabilly saltarín y guitarrero en “You Can´t Buy my Love”, o esa vacilona balada fifties que es “Falling in Love Again”.
Escuchad esas reflexiones al atardecer, esa garganta guerrera que parece haber encontrado el descanso y se funde con una deliciosa voz femenina en las estrofas de “Silver Rider”. Este tema, de los mejores del lote, tiene unos cambios de ritmo atmosféricos, como nubarrones repentinos que cruzaran el horizonte ya tranquilo del artista.
Sólo en la inicial “Angel Dance”, firmada por David Hidalgo y Louis Pérez, de Los Lobos, utiliza Plant una entonación que recuerda a sus días en Led Zeppelin.
“Monkey” tiene un trabajo de guitarra fúnebre, sugiere olor a tierra mojada. Esos mordiscos de la púa sobre los trastes, las voces apagadas, la creación de ese sonido tan oscuro, me recuerda al mejor Neil Young.
Una canción tradicional americana como “Cindy, I´ll Marry you Someday” está ahí para recordarnos tan sólo lo bien que se lo pasa este sesentón legendario haciendo música, y en la críptica “Satan Your Kingdom Must Come Down” escuchamos al titán que ha enfrentado su mirada a las adversidades y salido victorioso.
Pero vamos, que este es un Cd luminoso, colorista como el atuendo del clown de la portada, medicinal. No creo que exista nadie capaz de escuchar una gozada como “The Only Sound that Matters” sin sonreír, y al final es el estribillo de la maravillosa canción de Townes Van Zandt, “Harm ´s Swift Way” –de lo mejor que he escuchado en mucho tiempo-el que mejor retrata al actual Robert Plant: “Oh me, Oh my, Who´s gonna mark my time?”. Inabarcable, mítico, la voz elegida por los Dioses del Olimpo.
Robert Plant: Voz
Buddy Miller: Guitarras, Bajo de seis cuerdas
Byron House: Bajo
Marco Giovino: Batería, Percusión
Patty Griffin: Voces
Darrell Scott: Guitarra acústica, acordeón, banjo, mandolina, pedal steel y lap steel guitar




Comentarios
Un maestro Plant
Coincido Marqués, gran disco éste de Robert Plant que a estas alturas se da el lujo de grabar todo tipo de música.
Punto a su favor, se necesita más gente como él, que tenga amplitud de criterio a la hora de componer y/o interpretar.
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