Muse - Origin of Symmetry
1. «New Born» 6:01
2. «Bliss» 4:12
3. «Space Dementia»6:20
4. «Hyper Music» 3:20
5. «Plug In Baby» 3:40
6. «Citizen Erased»7:19
7. «Micro Cuts» 3:38
8. «Screenager» 4:20
9. «Dark Shines» 4:47
10. «Feeling Good» 3:19
11. «Megalomania» 4:38
Para que nos vamos a engañar, uno de los aspectos más atractivos de la belleza es el saber que tu disfrute es único, sentirse identificado con lo que amas debido a que nadie más participará de esa relación afectiva. Es el sentirse cómodo con ello porque entre lo que quieres y tú no hay secretos y, sin embrago, nunca nadie descubrirá el secreto de tal relación. Muse es un perfecto ejemplo del ejercicio doloroso de ir compartiendo eso que creías que tú solo conocías, de ir dejando pedacitos de lo que has necesitado tanto tiempo, que jamás volverá a ser tuyo al cien por cien. Pero bueno, das el do de pecho y aceptas. “Es tan bueno que lo tengo que compartir, era demasiado egoísta quedarme con algo tan bello y valioso”, te dices. Nada más lejos de la realidad. En vez de compartir con el resto de humanos las joyas brillantes del tesoro enterrado, compartes las heces del loro del pirata, que se ha cagado sobre las preciadas reliquias y ha dejado todo hecho un cisco. Ahora ya los conoce todo el mundo, y lo peor es que este hecho es debido a motivos por los cuales no comprendo, motivos que no los habían convertido en únicos para mí. Y ahí viene la duda, ¿por qué los he amado? ¿Qué hicieron que pensaba que eran únicos? Me viene a la mente una frase de Benedetti: “No es muy inteligente ni sensible y gozará despreocupadamente de la vida; vivirá sin enterarse de su insignificancia, y ésta es una variante, acaso la única posible, de la felicidad”. La ignorancia, supongo, ahora me gustan otras cosas. Eso sí, sin dudarlo, volvería atrás en el tiempo para disfrutar de este disco como antes lo hacía, y junto a una nueva revisión en el actual momento, intentemos darle a este disco su justa valoración.
El protagonista absoluto de esta historia es nuestro querido amigo Matt Bellamy, que tiene unos aires de grandeza, cuanto menos, curiosos, las cosas como son. Tuve la suerte de verlos en directo hace un año, ya metidos en esta espiral de super-híper-mega estrellas del rock. El tío vio, llegó y (con)venció. Ni una palabra nos dirigió el muy capullo, pero la ejecución de todo el concierto fue francamente impresionante. Además, hemos de tener en cuenta que ni mucho menos pudieron los de Muse emplear toda la parafernalia habitual, pues era un festival y tampoco era cuestión de monopolizar aún más el cartel. A los hechos me remito y, desde luego, pocos directos hacen que me emocione más que la canción “Blackout” de su disco en directo HAARP, donde la belleza plástica de la puesta en escena unida a la interpretación vocal, acentuada por ese “in crescendo” guitarrero que nos ejecuta los pelos de la piel, sencillamente es impagable. Son buenos músicos, cualquiera de los tres que forman la banda, una realidad creo que bastante evidente. Del jefe, destacar sobre todo su habilidad en el canto, donde emplea unos registros realmente sorprendentes en lo agudo, acompañados de una técnica de guitarra bastante destacable; no es una labor sencilla la de comandar a un triplete en voz y virtuosismo instrumental, pero el señor Bellamy lo consigue en más de una ocasión. Si ha esto le añadimos unos pasajes pianísticos cuando el momento lo requiere, nos queda una base la mar de atractiva. El bajo, el señor autodidacta que comandaba una lista de mejores cuatro cuerdas de la historia (tampoco nos pasemos…) ejecuta un trabajo sensacional, sin ningún tipo de duda. No está aquí la pieza “Hysteria”, su mejor canción, en mi humilde opinión, donde la propuesta de Wolstenhome es abrumadora. En este sencillo puzzle de tres piezas con enrevesados mecanismos de enlace queda la parte más cumplidora y currante en lo musical, el batería Dominic Howard, que en una labor no excesivamente brillante (aunque oye, como para ponerse a buscar protagonismo en el corral con semejante(s) gallo(s) de pelea delante), se dirime como el interlocutor en los directos, teniendo la voz cantante en lo que a relación con los espectadores se refiere. Su trabajo en los platillos, tambores y pedal no parece que tenga mucho hueco a la hora de buscar excelencia y cuales reyes en “Las Meninas” de Velázquez, parece que no se necesita su presencia, pero está e importa más de lo que nos parece.
Todo comienza con “New Born”, uno de los mejores inicios de álbum que recuerdo y del que tengo constancia. Ese suave piano unido a la ejecución narcótica de Matt nos hace pensar que los pasajes tranquilos y de reflexión se van a imponer después de su espectacular ´Showbiz´ (1999). La voz se vuelve agónica hasta que nace de nuevo acompañada por el fuerte ruido del galope de los instrumentos, hasta ofrecernos un estribillo fuerte y bello, contundente y delicado. Un puente más que destacable donde Bellamy nos muestra sus posibilidades técnicas nos devuelven una vez más a recordarnos que aquí la banda está naciendo de nuevo, pero está naciendo para reinar. ¿Han leído “Un Mundo Feliz”? Están gestándose como machos Alfa, nada de la timidez contagiosa de su debut, se nos presentan de nuevo para demostrarnos que buscan algo más que el simple reconocimiento, buscan la gloria. Después el camino trazado por la banda nos lleva a pensar que se han equivocada, pero por entonces llevaban una dirección perfecta, una autopista directa a las puertas del cielo.
“Bliss” es una pieza de indiscutible belleza, la composición en las letras es brillante y manifiestan un amor puro y profundo, casi desquiciado. En el vídeo de la canción los integrantes del grupo van cayendo por un agujero sinfín; es un amor loco, irracional, que nos hace perder la razón para entregarnos a una causa totalmente desconocida. Y no estoy hablando de mujeres, u hombres. Es algo más.
Un piano nos vuelve a dar la bienvenida, por tercera vez, en este punto de una forma más pausada. Se acentúa en seguida la música para regalarnos unos instantes de verdadera grandeza, de una perfección apabullante. Es deudora del mejor progresivo con unos toques de música clásica innegable (¿Satie, tal vez?) acompañados por un estribillo que incluso se acerca a la psicodelia apoyándose en un acomodo electrónico. Muy raro todo, muy bonito todo. El final nos trae un alborotado crepúsculo (uy, esta palabra…) que nos ofrece un cúmulo de sensaciones muy satisfactorio antes del sufrimiento de la muerte del tema.
En “Hypermusic” la técnica inicial de la guitarra nos llama enseguida la atención para adentrarnos en esta canción sencilla que ocupa el cuarto lugar en el trabajo. Es una muestra perfecta de que no necesitan mucho para llegar a grandes lugares, a alcanzar grandes cotas, pues con una parte de estrofa brillante se nos contagia inmediatamente el ritmo de la pieza. Una apuesta gamberra, de protesta inocente, recordándonos que no hace tiempo que eran unos niños sin más afán que divertirse. Y ojito a la línea del bajo, cremita pura y dura.
Y bueno, llega uno de los riffs más famosos de la década, yo incluso diría de la historia del rock, siendo sincera mi afirmación, en verdad creo que no estoy exagerando. Ese gesto poético de dedicarle una canción a aquello que un músico más ama, más tiene, más toca, más acaricia, más cuida, más desea, más necesita, más añora si no está. A su instrumento. La guitarra marciana de Bellamy es dominada por el cantante para prestarnos uno de esos pasajes que jamás olvidará aquel que lo escucha. Y de verdad he de decir que tras unos meses sin acercarme a este trabajo, la nueva aproximación al estribillo me ha generado un escalofrío de gusto que me ha recorrido todo el cuerpo. Como es costumbre, la decadencia de la pieza es abrumadora y majestuosa, con unos registros vocales que asustan y estremecen.
Nos llega la grandeza de “Citizen Erased”, que para aquellos que busquen lo que este portal pone por bandera, incluye algún momento digno del metal, o eso creo yo, con esa guitarra distorsionada. Me río yo del power que pretende alcanzar la épica, cuando este grupo de escuálidos debiluchos lo consiguen de un modo tan admirable en pasajes como el que comienza a eso del 1:26 en adelante. Hay algunos que pretenden alcanzar la épica a base de ostias y hachazos, otros simplemente profundizando en las entrañas del ser humano a través de los sentimientos (nótese crítica a Manowar, por ejemplo, que ya que estamos…). Y bueno, la parte que estalla en 4:10 nos otorga un placer sónico absolutamente indiscutible, todo aquel que tenga los oídos en las orejas sería capaz de apreciar, o cuanto menos aplaudir, todo lo que ocurre de aquí hacía el punto sin retorno de la composición, allá por los siete minutos.
No sé como hace el hombre en “Micro Cuts”, esos agudos rompen la barrera del sonido. Una pieza delicada y robusta al mismo tiempo, que nos otorgan una fragilidad petrificante, que emociona. Un poco de caña más en el ocaso del tema, que toma un cariz plenamente instrumental.
En general, acorde con el descenso de decibelios que va tomando el disco hacia su parte final, podríamos decir que “Screenager” es música prácticamente ambiental, con unos matices minimalistas que adornan con disimulo toda la composición. Una canción sencilla que versa sobre la incomprensión en la adolescencia. Repito, es un modo de abstraerse de lo que nos rodea mucho más pacífico a lo que estamos acostumbrados por estos lares, un modo digno como el que más y pausado, reflexivo. Nos otorgan una alternativa para despejarnos de todo aquello que no queremos y que nos obligan a hacer querer, dictamen que el propio grupo se encargaría de desdeñar en discos posteriores.
“Dark Shines” es para mí, el minutaje más flojo del disco, pero aún así tiene momentos destacables, como el puente después del segundo estribillo, recordándonos a piezas más calmadas del ´Showbiz´, sin esa complejidad que caracterizaba el inicio del trabajo a tratar, como si nos quisieran ir acostumbrando a la muerte de “Origin Of Simmetry”. Un fallecimiento largo, que no aburrido. Los últimos coletazos de vida, en modo de represión aparecen en los últimos instantes. Por otro lado, es la canción que más relaciono con la portada, parece una banda sonora perfecta para andar por ese extraño desierto que nos proponen.
En medio de esta agonía final, a modo de sueño dulce y evocador de un tiempo mejor, Muse nos otorga una versión deliciosa del clásico “Feeling Good”, escrita por Newley y Bricusse para un musical de los 60. Interpretada hasta la saciedad, le consiguen dar un toque diferente, sobre todo en esa parte vocal intermedia. Decir que siempre me ha gustado más su versión de “Can't take my eyes off of you”, con un toque muy divertido y canalla.
Finalizamos este agradable viaje con “Megalomania”, que no consigue poner el punto final perfecto al conjunto, pecando de cierta pretenciosidad que, en este caso sí, es criticable bajo mi punto de vista. Un quiero y no puedo, una interpretación fallida del final. No está mal y no desmerece al conjunto, pero quizás me esperaba más de estos minutos del álbum, una muerte más bella. Aun así, cumple por los pelos en su misión de cerrar, dejando la mejor parte para los ultimísimos instantes.
De este modo, queda visto el mejor álbum de Muse, en dura pugna con su inicial “Showbiz”. Rock del bueno, con influencias de todos lados, cogiendo un poquito de cada lado para demostrar que en los tiempo actuales (o no tanto) pueden abrazarse en el mundo de la música palabras tan teóricamente antagónicas como potencia y buen gusto, delicadeza y robustez o grandiosidad y sencillez. Vamos, el pasito anterior a que Matt decidiera que iba a dejar su asiento de currante para ascender al trono del mainstream. Aunque en un caso como éste, con unos tíos que se veían normales, en el sentido más normal de la palabra, cuesta creer que estén donde ahora están porque sí. Yo tengo mi propia teoría y es que Matt, en su mundillo loco (me abstuve de comentar en profundidad nada por sus pensamientos alienígenas interestelares de dominio interplanetario), se está partiendo la caja con nosotros. Salió de la nada y ahora lo tiene todo, domina a su antojo lo que viene siendo ese delicado territorio que aúna el rock con la popularidad. Y además, soy de los que pienso que para dominar a una masa gilipollas, hay que ser gilipollas, o por lo menos, parecerlo. Veremos que nos dan Muse en el futuro, que hacen con sus vidas, tienen que seguir una trayectoria consecuente con lo que fueron y lo que son, deben hacerlo. A lo mejor se pintan de colores como Coldplay y hacen pop-batukada de alto standing. O cantan en una misma gala donde está J-Lo, como los Judas Priest. O hasta sacan su disco de colaboración con… por ejemplo… mmmm… Prince. Pensando en estos tres casos la cosa pinta mal, pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde. En este mundo loco donde nada es lo que es, donde no hay hueco para la verdad, donde se ha impuesto el mamoneo total, pues es de recibo rescatar esos pedacitos de autenticidad, de intento de llamar la atención de una manera lícita. Muse estaban por el buen camino en aquel lejano 2001, vale la pena bajarnos con ellos a ver lo que nos mostraban.
No creo que ´Origin Of Simmetry´ necesite cuernos, no me imagino hacer el gesto maldito en cuestión a ninguna de las canciones aquí expuestas. Es por provocar, a ver que pasa. Lo que no puede ser es como recordaba MOP, The Clash esté en MD y The Beatles aquí. Y de hecho, o ampliamos las miras o esto se nos cae, es mi opinión.
Vamos a darle un 8.5, un notable alto, que bien merecido está, sea donde sea. Disfruten.
MUSE
Matthew Bellamy – voz, guitarras, piano, teclados, Piano Wurlitzer en "Feeling Good", órgano tubular en "Megalomania".
Christopher Wolstenholme – bajo, coros, vibráfono, contrabajo en "Feeling Good".
Dominic Howard – batería, percusion.
MÚSICOS DE ORQUESTA
Jacqueline Norrie – violín
Sara Herbert – violín
Clare Finnimore – viola
Caroline Lavelle – violonchelo




Comentarios
destierro
O por lo menos asi lo veo yo. Este disco es bastante bueno y cañero, la voz es genial, y tiene un par de canciones sublimes, sobre todo plug in baby. hay bastantes discos menos cañeros, que ni se acercan al metal en el portal. pero en fin eterno debate. Bienvenido al destierro origin.
Leí esta reseña en El Portal del Metal
¿La habéis quitado de allí?.
Grande Punhal
Reseñón que te has marcado de lo mejor que ha hecho Muse, sin ser unos virtuosos me parecen muy buenos músicos y arreglistas( pero de ahí a calificar a su bajista como el mejor del mundo es un exceso, como podíamos comprobar en una de las recientes listas basura que se han hecho).
Concido contigo en lo que dices sobre New Born, no hay mejor manera de empezar un disco.
Lo único que me gustaría añadir es que rompo una lanza a favor del batera, que a pesar de ser bastante discreto, en sus primer trabajo lleva el ritmo con un groove sólido y a la vez delicado, que acompaña a la perfección esas bases rítmicas del bajo, y aunque aquí sea un poquitín más "seco" por así decirlo creo que cumple más que de sobra.
Un saludo punhal!
Pasote
Tengo un amigo muy enganchado a este grupo, y lleva un tiempo recomendándomelos pero no he tenido ocasión hasta hoy de escucharlos bien. Esto es la pera limonera, promete grandes ratos, muchas gracias por reseñarlo.
Bajando. (Mientras me aplasta vivo el final de Space Dementia).
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