Martirio - Coplas de madrugá
1. Dicen
2. No te mires en el río
3. Ojos verdes
4. Torre de arena
5. No me quieras tanto
6. No me digas que no
7. Tú eres mi marío
8. Como a nadie te he querío
9. Tatuaje
10. Con el alma en los labios
11. Martinete a Don Juan
Una de las canciones que más me han volado la cabeza, produciéndome cada vez que la escucho una honda impresión y una intensa risa, es sin duda Manolo Ascodás, de aquel grupo de transición entre La Polla y Gatillazo que tuvo el mítico Evaristo bajo el nombre The Kagas. Como una bola de nieve sin control, el cantante la emprendía con insólita ira contra una mixtura de conceptos (para él) muy negativos, acoplados al alimón y concentrados por fin en la figura de Manolo Escobar como 'representante oficial', o casi culpable de todo ello: "Manolo, Manolo, otra vez aquí, la Lola, el Caudillo, la Guardia Civil, maldito fascista, te quiero matar con la cara lavada y recién peiná"... no puedo, me entra la risa floja sólo de acordarme.
Y es que hay una España reciente que muchos quieren olvidar, cosa que no es de extrañar porque a nadie le gusta lo cutre, lo rancio, lo tiránico, lo injusto, lo cerrado de mollera, lo cruel, lo semi-feudal, lo homófobo, y un largo etcétera plagado de roles sexistas y demás perlas. Sin embargo, y dejando para otro día el tema de que hoy por hoy tampoco se ha alcanzado, ejem, la perfección política o social en este país, el problema llega cuando la ola de olvido arrastra también las cosas buenas como lo es siempre el arte. Aquella España, cuya mentalidad bien se podría resumir en un solo fotograma de Saza vestido de guardia civil disparando al sol porque ha salido por el Oeste en la grandísima película Amanece que no es poco, gozó de un género único y particular de canción que fue la Copla, y que alcanzó cotas de calidad que deberían hacer sonrojarse al compositor medio de canciones actual que tenga las agallas de mirar atrás.
El dictador promovió la copla y su difusión, lo cual provocó en un principio un auge del género y más adelante su rechazo y olvido. La copla tuvo la desgracia de quedar eternamente unida a la dictadura.
Han pasado la tira de años y yo quiero reivindicar el hecho de que pinchar un disco de Conchita Piquer cantando las más conocidas coplas de Quintero, León y Quiroga es una experiencia arrolladora, sin necesidad de caer por ello en lo kitch. Vamos, que no soy Paco Clavel (acojonante tipo, por cierto), sino un simple y llano melómano, así en general. Y recomiendo la copla porque es un género que ha dado unas canciones fuera de serie, sin más. Sólo hay que escucharlas para darse cuenta. Por cierto que la temática es entretenida: desamor, ahogamiento en alcohol para olvidar, venganza, odio, culpa, amenazas, cuchilladas, degradación personal… los autores sabían mantener alto el nivel de interés. Todo era muy dramático, como muy teatral.
Martirio es una cantante única que lleva desde los ochenta revisando el legado de la copla, mezclándola con el pop y el rock y actualizando los temas de las letras, que en sus manos pasan a ser mucho más cercanas al sentir de la calle. El propio nombre artístico de Martirio y su imagen asociada a estrambóticas peinetas son en sí mismos una parodia de la copla, pero no nos confundamos: se trata de una artista seria que, aparte de cantar estupendamente, conoce a fondo el material que trata de actualizar.
Y es bajo este enfoque profundamente respetuoso como se decidió, tras cuatro discos con temas propios, a revisar en 1997 un puñado de coplas clásicas en clave de jazz. Para ello contó con un equipo fuera de serie dirigido por el pianista Chano Domínguez, que a esas alturas ya era toda una eminencia en la fusión instrumental del jazz con el flamenco, y rematado por los no menos conocidos en el mundillo jazzístico Guillermo McGuill y Javier Colina a la batería y al contrabajo respectivamente.
En total un póker de ases. El resultado del disco, con los siempre inspirados arreglos de Chano y la sentida interpretación de la cantante, refrenda, reaviva y actualiza aquellas canciones que Martirio escuchaba en su casa de niña. El lenguaje jazzístico, quizá porque en el fondo puede empastar con cualquier cosa al no ser más que un recipiente vacío sobre el que se improvisa, o quizá por ser quienes fueron los que grabaron esta maravilla, logró fundirse con la copla de manera mágica. Más bien me inclino por lo segundo, y es que Chano Domínguez es mucho, y unos arreglos así no se los podría sacar cualquiera de la manga. Este pianista tiene la capacidad de concretar mucho en muy poco, y como se trata de un camaleón capaz de mirar simultáneamente a Herbie Hancock con un ojo y a Juanita Reina con el otro, pudo dar con el arreglo perfecto para cada canción.
Martirio no se arredró y canto sobre estos arreglos con extra de ovarios, teatralidad y sentimiento, aunque lo hiciera bajito dadas las circunstancias, sin tratar de emular por tanto el típico vozarrón de las copleras. Nada que ver con sus discos anteriores: ahora se trata de cantar la copla tal y como era, y aunque el tipo de acompañamiento pueda rechinar a los puristas, lo que tenemos aquí es a una cantante interpretando con hondura las canciones, sin más. Ni rastro de la parodia, más bien al contrario. Y por cierto, en la portada hay una foto de ella… sin peineta.
Algunas de las coplas aquí interpretadas son de las más conocidas del género, como Ojos verdes o El Tatuaje, aunque sin ser un erudito en la materia me parece que el grueso de la selección es más bien tirando a rebuscada y huye de los 'Greatest hits'. Una de las canciones, Tú eres mi marío, que la propia artista reconoce como una de sus favoritas, llama la atención poderosamente por su letra descarnada y cavernícola.
El cd viene en formato disco-libro, no se sabe muy bien por qué. El contenido del libro está destinado a hacer las delicias del fan más exigente de la artista: una entrevista, montones de fotos, un cancionero, un catálogo de vestidos, otro de peinetas, algunas cartas muy personales… en fin, que corra la tinta. Recuerdo que enseñé este disco a un tipo relacionado con el negocio discográfico y lo miró extrañado por su tapa dura, la cantidad de hojas, etc. Dijo algo así como "Esto sale carísimo, ¿quién ha fabricado esto?", le dio la vuelta y se relajó mientras decía, "Ah, nos ha jodío". Acababa de ver el logo de la SGAE entre los productores del bicharraco.
Con esta anécdota de todo a cien me despido hasta próximas aventuras, no sin antes recomendar efusivamente la escucha de este pasote de disco tan especial, que te permitirá ser criticado tanto por los puristas de la copla como por los del jazz. ¡Bien!
Martirio: voz
Chano Domínguez: Piano, arreglos
Javier Colina: Contrabajo y acordeón
Guillermo McGuill: Batería
Nono García: Guitarra en "Dicen"




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