Gioacchino Rossini - Petite Messe Sollenelle (Pequeña misa solemne)

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KYRIE

GLORIA:
Gloria in excelsis Deo
Gratias agimus tibi
Domine Deus
Qui tollis peccata mundi
Quoniam tu solus sanctus
Cum Sancto Spiritu

CREDO:
Credo in unum Deum
Crucifixus
Et resurrexit

PRELUDIO RELIGIOSO

SANCTUS

BENEDICTUS

O SALUTARIS HOSTIA

AGNUS DEI

Gioacchino Rossini fue un compositor italiano del siglo XIX, un simpático y extrovertido gordinflas que gozaba al parecer de muy buen humor y disfrutaba con la buena comida. De joven compuso un montón de óperas, género que estaba de moda, y como eran buenísimas y las hizo en el momento y lugar adecuado, tuvo un éxito en vida que le dio fama y holgura económica hasta el punto que pudo retirarse de ese mundillo tempranamente y vivir a su bola un montón de años más. Quien no conozca sus óperas al menos tendrá en mente la obertura de Guillermo Tell, con esas cuerdas "hípicas" que se adelantaron más de un siglo a la banda sonora de Bonanza y a los bajos de Steve Harris.

El hecho de ser sobre todo autor de óperas ha hecho que pase a la historia como uno de los grandes, sí, pero en el apartado bel canto por así decirlo. Aunque escribió también música instrumental no se le recuerda como autor sinfónico, y por tanto no entra en el mismo saco histórico que un montón de contemporáneos suyos que se dedicaron en cuerpo y alma a crear (entre otras cosas) sólidas sinfonías y que, oh misterio, la palmaban en un preocupante número de casos a poco de componer la novena, tuvieran la edad que tuvieran. Diríase que el cuerpo humano no está diseñado para componer una décima así como así.

La obra de Rossini se desarrolló sobre todo a principios del siglo XIX, así que al tipo le pilló de lleno la llegada (suponiendo que tales cosas se pudieran acotar) del Romanticismo. Este término, aunque a priori nos remita a las novelas de Corín Tellado o a regalar un ramo de flores el día de San Valentín, se refiere a todo un movimiento cultural que abarcó la mayoría de ese siglo. Se trata de una manera de entender la vida que implicaba grandes contrastes (ahora muy fuerte, de repente muy piano; muy deprisa, de pronto muy despacio; me enfado pero de golpe me pongo contentísimo; la amo con locura pero de pronto me pego un tiro, etc) y que en medio de grandes arrebatos pretendía mediante el arte acercarse a lo infinito, rozar lo imposible, lo desconocido y no sé cuántas marcianadas más. Estaban un poco de las trenzas, como si todo el mundo a la vez fuera víctima de una especie de peculiar paranoia colectiva que podemos revivir fácilmente leyendo novelas de la época como Moby Dick o El retrato de Dorian Gray.

Toda esta forma de entender las cosas tuvo su reflejo en la música, como está mandado. Se produjeron grandísimas obras -como en cualquier otra época- que por entonces tendían a estar impregnadas de este anhelo de eternidad y este "tomarse demasiado en serio todo, y en especial a uno mismo". En el saco de los considerados "autores clásicos" entra todo un buen montón de tipos que compusieron su música en esta época y bajo este influjo.

Pues bien, a Rossini parece ser que todo esto no le gustaba demasiado, y practicó un estilo más cercano a lo anterior que a lo que se le venía encima. Compuso de una manera clara, transparente, inspiradísima y muy eficaz, y se le recuerda como un autor de maravillosas melodías que tenían una intención más bien popular, agradable, dotada de una frescura natural que hace de sus óperas algo un tanto ajeno a épocas y estilos, sin que esto vaya en detrimento de la calidad excepcional de lo que hizo. Se supone que se retiró de la ópera en parte porque no le gustaban las nuevas maneras.

Así fue como vivió desde su retiro unos cuarenta años más sin componer apenas música que aparezca en los libros de historia, a excepción de un par de obras sacras más sonadas, una de las cuales es la Pequeña Misa Solemne que nos ocupa. Se trata de una emocionante mole de hora y media (lo de "Pequeña" es coña) que supone el impagable canto del cisne de un autor fuera de lo común que probablemente hizo casi siempre lo que le dio la gana.

La obra está escrita para un coro a cuatro voces muy reducido -dos personas por cuerda nada más-, un par de pianos, un armonio y cuatro solistas (una soprano, una contralto, un tenor y un bajo). Se trata por tanto de una especie de reducción de la plantilla con la que se solía abordar este tipo de composición sacra, de la que existen grandes precedentes cercanos como las que escribió Mozart o la magna Misa en si menor de Bach. Estas misas anteriores ya apuntaban maneras de música concebida más bien para un auditorio: en concreto la de Bach es por su duración impracticable durante el rito religioso. La "Misa" se había convertido ya en algo para escuchar, más que para acompañar al cura en... bueno, en sus movidas dominicales de cura. Sigue siendo una obra sacra y por supuesto conserva su ordenada estructura y sus maneras particulares: la "letra" de la misa se corresponde de manera estricta con lo que va ocurriendo en las diversas partes del rito, y es por tanto siempre la misma retahíla en latín, con ligeras variaciones. En algún momento de la historia se debió establecer un cierto número de costumbres que se dan en distintas misas del siglo XVIII en adelante: la parte inicial (Kyrie eleison, Christie eleison y de nuevo Kyrie -o sea, Señor ten piedad, Cristo ten piedad y todo eso-) suele cantarla el coro, con la parte central más suave (a veces se encargan algunos de los solistas del Christie), el Gloria, el Credo y el Sanctus suelen ser partes más brillantes y por tanto también corales que luego dan paso a desarrollos escritos para los solistas, y por ejemplo el Agnus Dei (cordero de Dios, etc) es un final más o menos místico del que se encarga la contralto solista en diálogo con el coro, y parecía importante que el autor se esmerara en escribir algo especialmente espeluznante para este broche final. No sé hasta qué punto todo esto "tiene" que ser así, pero suele serlo en las misas que conozco y, cómo no, lo es en esta que nos ocupa(1).

Rossini dotó a su Pequeña Misa Solemne de un punto extra de originalidad al mezclar todas estas maneras más o menos establecidas con pasajes de carácter operístico. Sin que se pierda en ningún momento el sentido íntimo, recogido de la obra (recordemos que la plantilla es pequeña, y una Misa siempre es una Misa, más si se trata de la gran obra final de un tipo que probablemente veía su muerte más o menos cercana), la obra va recorriendo distintos estilos con soltura, desde el estremecedor Kyrie hasta un impagable Agnus dei que me pone los pelos de punta. Así se suceden arias, dúos y cosas así que parecen más bien cantadas en un teatro por gente disfrazada y rodeada de atrezzo que en cualquier momento puede hacer uso de su espada de cartón... y de pronto vuelven los pasajes místicos, corales o cantados por solistas, que nos recuerdan dónde estamos. De manera casi mágica, Rossini consigue que la mezcla funcione más que bien. Quizá baste como nexo entre ambientes tan dispares, aparte del texto que al fin y al cabo es el de la Misa, la inspiración pura y dura del autor, la genialidad suprema de un tipo que también en esta ocasión escribió de una manera maravillosamente clara, cristalina y comprensible por cualquiera, y que por mucha Misa que tuviera entre manos parecía empeñado sobre todo en elaborar las melodías más amables y bellas. Y vaya si lo consiguió.

No puedo olvidarme de los dos movidos y espectaculares pasajes contrapuntísticos que contiene la Misa: Cum sanctu spiritu y Et vitam venturi saeculi, que cierran respectivamente el Gloria y el Credo, y que también se corresponden con el típico uso establecido(1) según el cual han de ser pasajes fugados, es decir, basados en el juego de ciertas melodías que van pasando de una voz a otra del coro hasta meternos en una madeja de voces que cantan a la vez cosas distintas, semejante a las olas del mar. Un maravilloso caos ordenado que se había practicado sobre todo en el Barroco y que Rossini también supo bordar, por más que la complejidad de estas maneras se alejan un tanto del lenguaje más claro en el que se solía mover. Otro plus de variedad para esta extraña e incomparable Misa, al que hay que añadir también un tranquilo y bello Preludio religioso para piano solo, largo como un día sin pan, que parte la obra en dos cual solo de guitarra en concierto heavy.

Como ocurre con cualquier obra conocida, existen por ahí diversas versiones grabadas. Hace poco me hice con una en vinilo (doble) que se grabó en directo en 1988 durante el segundo Festival Internacional de Música Castell de Peralada, en un concierto en beneficio de la Fundación Internacional Josep Carreras para la lucha contra la leucemia. Tiene la particularidad de ser fiel al original (cosa que otras no) y es por tanto una versión de cámara, con el número exacto de cantantes requerido por la partitura. Reconforta escuchar los efusivos pero educados aplausos que hay al principio y al final de la grabación y pensar que todo eso se hizo en riguroso directo. No tengo mucho donde comparar, pero creo que la versión es buenísima. Fue editada por AudioVisuals de Sarriá, aunque ignoro si más adelante apareció una versión en cd de esta maravilla. Adjunto de hecho una foto del programa del festival, a falta de una de la portada.

Pero bueno, como aquí no se trata de entrar en erudiciones extremas más propias de retorcidas sectas de freaks, me limito a recomendar la escucha de cualquier versión de este pasote fuera de serie y ya está. Eso sí, con café, copa y puro, que dura hora y media y estas cosas no son para interrumpirlas. Desconecten los móviles.

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(1) Quien de verdad quiera saber más sobre la historia y el porqué de estas costumbres, así como de la verdadera profundidad de su calado en el repertorio occidental, que consulte a alguien más empollón que yo, porque ahí ya no doy para más. Simplemente observo que suele ser así en algunas grandes Misas.

Millinomilesaway
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Melómano compulsivo
Joined: 31/12/2008
A tope

Pues sí, me he reído agusto yo también. A este señor lo conozco de nombre tan sólo, vamos de haberlo oído en clase de Historia de la Música, pero no pinta mal. La mal llamada "música culta" es una asignatura pendiente para mí, a ver si tengo huevos a oírme ésto.

Saludos.

The Truth Is Out There

Onán
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Melómano compulsivo
Joined: 11/01/2009
A ver

A ver si los tienes, jeje, y me cuentas.

MeFuMo
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Melómano compulsivo
Joined: 28/12/2008
grande

Grandísima reseña Onán, me he reído como un mico y he aprendido como un mono, o al revés, que yo de música clásica justito justito :P

Onán
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Melómano compulsivo
Joined: 11/01/2009
Gracias

Nos salengranos de que te haya gustao. ¡Es una música la mar de bonica!