El Camarón de la Isla - Canastera

Cara A:
1. Canastera (Canastera)
2. No dudes de la nobleza (Fandangos)
3. Que a mí me vió de nacer (Alegrías)
4. Calabosito oscuro (Seguiriyas)
5. No quisiera que te fueras (Bulerías)
6. Las campanas también lloran (Tientos)

Cara B:
7. Una gitana morena (Bulerías)
8. La ví por primera vez (Fandangos)
9. Estas ciego pa no ver (Soleá)
10. Soñaba siempre contigo (Cartagenera)
11. Y me gustan las mujeres (Tangos)
12. Dios te dará a ti la gloria (Verdiales)

Camarón: Cante
Paco de Lucía: Toque
Ramón de Algeciras: Segunda guitarra

La lástima del cante jondo es que sólo lo puede disfrutar plenamente quien esté lo bastante iniciado en el estilo, sea porque lo ha mamado en su entorno durante la infancia o porque se ha acercado desde fuera y se ha tomado la molestia de descifrar el compás y las características propias de cada palo, aunque sea grosso modo. Muchos de los que lo intentan de esta última manera se quedan en el camino tras sentirse quizá agredidos por la tremenda intensidad de lo que escuchan, o por su aparente complejidad, que no es tanta aunque se vea adornada por una gran riqueza de matices. Otros simplemente lo ven algo ajeno, demasiado distinto, lejano y que encima te hace "quedar mal" ante tus amigos rockeros, poperos o lo que sean. Hay que tener también en cuenta la manera casi violenta en que los puristas abogan por el estatismo eterno de las raíces del estilo: baste decir que la palabra "cabal", que según el diccionario significa sensato; exacto o justo en su peso o medida, en el mundillo flamenco se asocia con aquellos entendidos cuya opinión (del tipo “como Zutano nadie canta tal palo”) no admite otra respuesta que un respetuoso murmullo de aprobación e invitarles a otra manzanilla. Son los "flamencos cabales", tócate los eggs. Cualquiera se mete ahí o en Afganistán. La otra opción principal para acercarse al estilo si uno no es gitano, ni andaluz, ni nada, es ser un entendido snob de la capital. Vale llevar coleta y escuchar también jazz. La verdad es que se le quitan a uno las ganas.

Digo todo esto porque pienso que la escucha pura y dura de cualquier estilo, sin más, merece una defensa a ultranza, y más en casos en que la iniciación se pone tan cuesta arriba si no te viene de serie. De verdad que se puede disfrutar el flamenco sin ser rancio ni gilipuertas, y como sospecho que la mayoría de los que habéis llegado leyendo hasta aquí no sois ninguna de las dos cosas, os invito a darle una oportunidad en caso de que no lo hayáis hecho ya. O si alguna vez se os atragantó, una segunda oportunidad de la mano del más grande. Y es que no hace falta ser un "cabal" de esos para darse cuenta de que el cante de Camarón es un hito en la historia, una especie de capricho de la genética. Ahí están por ejemplo Frank Sinatra, Bjork, Pavarotti, Amy Winehouse, María Callas, o está Camarón. Basta con compararlos con otros tres o cuatro, no hay color... pero hay que meterse en el estilo de cada cual, que en este caso es el cante jondo. Lo cual, ya digo, hace necesaria cierta dosis de paciencia para un no iniciado.

Los primeros discos de Camarón, unos diez o así, previos a la apertura estilística que se fue produciendo después de la mano de Tomatito, son más o menos parecidos entre sí. A excepción de unos pocos, se titulan simplemente El Camarón de la Isla con la colaboración especial de Paco de Lucía, así que con el tiempo la gente les ha ido poniendo como sobrenombre el primer verso del primer cante de la cara A. Producidos por el padre de Paco de Lucía, Antonio Sánchez, que protegía la carrera solista de su hijo tras ese aclaratorio "con la colaboración especial de...", contienen sólo cante jondo con una voz y una guitarra, acompañadas en los cortes más movidos por una segunda guitarra de Ramón de Ageciras (hermano de Paco) y unos cuantos jaleadores/palmeros, y a excepción del primero de ellos, que tenía versos tradicionales, llevan excelentes letras del propio Antonio Sánchez. Entre verso y verso pueden oírse a veces voces roncas que animan a los músicos u opinan sobre lo que está ocurriendo, y a los que nos pilla de sorpresa por más que repitamos, nos puede producir sensaciones que oscilan entre la hilaridad y el "por favor, que se calle el tío ese ya".

Canastera es el cuarto disco que grabó el impagable dúo, y de entrada supuso dos excepciones: una que tiene título propio y figuran ambos músicos a la par como artistas (El Camarón de la Isla y Paco de Lucía, dice la portada); la otra es la inclusión del corte que abre el disco y le da título, que por primera vez no se corresponde a las claras con un palo flamenco. Aquí se canta y toca la Canastera, no sólo por bulerías o soleares. Supongo que en su día esto pudo levantar alguna ampolla entre los puristas, aunque confío en que la recuperación fue rápida y no hubo que hospitalizar a nadie. Y es que la pareja Camarón/Paco, aunque se dedicaba al cante y al toque con raíz, representaba la vanguardia, la juventud, la novedad.

Todos sabemos de la fama de Paco de Lucía como virtuoso inalcanzable y como innovador absoluto de la guitarra flamenca. Su entrada en escena produjo una conmoción similar a la que se había vivido en el entorno del Be bop con Charlie Parker: los que tocaban la guitarra -o el saxo- vieron de pronto, delante de sus narices, posibilidades técnicas y expresivas del instrumento que no habían podido soñar antes. Esto hizo que para los aspirantes a virtuosos sólo quedaran dos alternativas: ponerse a estudiar como bestias tras la estela del maestro... o dedicarse a otra cosa. Sin embargo, a pesar de la calidad y emotividad incuestionables de las falsetas de Paco de Lucía en los discos de Camarón, éste cantaba con tal trascendencia, expresividad, afinación y color que arrasa con la atención del oyente. Lo cual no quita, claro está, que el dúo constituyó el más feliz y fecundo de los encuentros, uno de esos casos de sinergia extrema que se dan sólo de vez en cuando. Eran amigos, y se profesaban una admiración mutua que los llevaba a darlo todo cada vez. Estaban al parecer muy unidos y aprovechaban cualquier ocasión para juntarse y hacer música, lo cual da una idea de lo trillado y empastado que debían tener aquello que grababan finalmente en un estudio. Desgraciadamente sólo hay un breve registro en imagen de sus interpretaciones, pero basta para darse cuenta, por si los discos no bastaran, de lo sobrados que iban.

Todos estos discos que grabaron juntos son joyas, y son al fin y al cabo compendios más o menos intercambiables de los mismos palos (casi siempre los más conocidos, los troncales), pero el primer corte de Canastera, -la canastera propiamente dicha-, tiene una profundidad y una elegancia especiales que convierten a este disco en una de mis escuchas de cabecera. Su apertura a capella, seguida de una repetición acompañada de densos acordes de las dos guitarras, pone al momento en situación al más pintado, como dándole paso a una cueva ignota en la que sólo pueden ocurrir cosas importantes. La letra es tierna y dramática a un tiempo, y como suele ocurrir salta de unos temas a otros de manera anárquica en apariencia. En conjunto es una obra maestra, toda una demostración de calma, solemnidad y pulso firme.

Otro de los puntos fuertes del disco son las alegrías del tercer corte, en las que Camarón canta a su tierra natal con un amor y gratitud que ya quisieran para sí los representantes de otras culturas más cosmopolitas. Todo un acierto en el que además se nos ahorra ese "tirititrán" tan característico del palo, como cuando alguien sabe contar un buen chiste sin necesidad de reír nerviosamente él mismo para anunciar la conclusión.

No faltan pasajes hondos, casi tenebrosos, donde -también- se sale el cantaor por los cuatro costados: hay seguiriyas, soleares, cartageneras y tientos que a ratos no parecen cantados por una voz humana, con esa expresión íntima y melancólica, profundamente empática, de corazón a corazón, que Camarón plagaba de adornos al uso con un gusto, una precisión y una claridad de ideas que, con los años, le brindaron poco a poco la arrolladora fama mundial que merece, trascendiendo con creces los habituales círculos en los que se escucha flamenco y poniendo el estilo en oídos de todos.

Y cómo no, junto otros palos más movidos (tangos y verdiales), hay dos apariciones del más movido de todos: la bulería. La primera de ellas sólo lleva una guitarra y la voz, y tiene la típica letra de amor-desamor; la segunda, que abre la cara B, lleva segunda guitarra y jaleo, y tiene un carácter dramático muy intenso, casi apabullante.

Qué más decir de un disco tan tremendo. Aunque a muchos os pueda requerir un poco de voluntad, lo que os espera detrás de ese esfuerzo merece la pena, vaya que sí.

Gargamel
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Melómano compulsivo
Joined: 10/12/2008
Ataque compulsivo

Ayer estuve en un centro comercial y me encontré un buen número de discos de Camarón a 5 "leuros". Me entró el ataque y me compré este disco y otros tres más de los más rancios y viejos, los que son con Paco. Llevo el cargador del coche petado de estos dos gigantes. ¡Qué grandes coño!

Onán
Imagen de Onán
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Melómano compulsivo
Joined: 11/01/2009
¡Que guay!

Están tirados, yo ahora lo que intento es hacerme con alguno que otro en vinilo, que no es tan difícil porque se siguió reeditando hasta principios de los 90.

¿Cuáles te pillaste?

Gargamel
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Melómano compulsivo
Joined: 10/12/2008
Pos me pillé, aparte de eśte,

Pos me pillé, aparte de eśte, el Soy Caminante, el Caminito de Totana y el Castillo de Arena. También tengo desde hace tiempo el Rosa María y La Leyenda del Tiempo, y estoy a ver si pillo ese en el que sale con un peinado que parece Aurelio del Planeta de los Simios, creo que se llama "Son tus ojos dos estrellas".

Los más modernos no me atraen mucho, demasiados arreglos y demasiada reverb para mi gusto.

Lo de volver al vinilismo no lo descarto, pero para ello tendré que hacerme con un plato en condiciones, porque el que tengo no me convence como suena.

Gargamel
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Melómano compulsivo
Joined: 10/12/2008
Camarón era er mehó

Aún recuerdo que tú me grabaste este disco cuando vivías en aquella buhardilla. Esa cinta, que titulé a lápiz como "calabosito ojcuro" y me acompañó exclusiva y obsesivamente durante meses en mi coche es lo más intenso que he escuchado de los maestros Camarón y Paco, y aunque ya había machacado a lo bestia recopilatorios muy completos, es este trabajo el que me arranca las mayores reverencias.

Camarón era er mehó, joder si lo era.
Saludos