1. La culpa
2. Mírame a los ojos
3. La última
4. Riqueza mental
5. Somos el uno para el otro
6. La boda
7. El juego de la vida
8. Me afecta
9. Europa
10. Mentalismo
Manolo Martínez: Voz , teclados, guitarra acústica y coros
Genis Segarra: Programación, teclados, guitarra eléctrica y vocoder
Eduard Alarcón: Bajo eléctrico y acústico
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Todo nos parece una mierda, todo nos parece una mierda, todo nos parece una mierda menos lo vuestro. Mientras un tipo con un sombrerito, la mirada y la voz dulces y afables, entonaba estas inclasificables palabras en tono casual pero proyectándolas a la vez con intensidad honda y profesional, otro señor muy delgado, con la cara pintada por completo, tacones, y con el pelo muy largo recogido en dos trenzas, tocaba un sintetizador y emanaba con su sola presencia una inquietante y carismática aura de premeditada confusión que se enredaba con naturalidad con unos sonidos y unas palabras que iban ganando en intensidad poco a poco. Según se sucedían las estrofas, los ojos se me iban ensanchando de par en par y una pregunta se abría paso cada vez con más fuerza hasta ocuparlo todo: ¡¡¿Qué rábanos es ESTO?!!
La respuesta vino de la mano del presentador del prescindible programa matutino La hora wiki, donde estaba teniendo lugar aquella maravillosa actuación en directo: ESTO se llama Astrud. Al momento puse a echar humo todas mis cañas de pescar música e información.
Astrud es la impagable, la feliz reunión de las canciones, la voz y la filosofía de Manolo Martínez y la actitud, los arreglos, la musicalidad y el buen gusto de Genís Segarra. Podríamos decir que convierten canciones de autor en pop, un pop amable, tranquilo y natural que, sin dejar de ser -o parecer- bastante acústico, nos remite de la mano de los omnipresentes sintes y samples a lo electrónico (en no sé cuáles de sus ramas; en eso estoy pez, aunque creo ver en ellos un cierto factor retro). Sin embargo, la mezcla única que se produce en cada una de sus canciones se sale tanto del mapa y emana tanta inteligencia que cualquier clasificación que intentemos les va a venir muy, muy pequeña. Lo que parece claro es que, mayormente, Manolo compone y Genís programa, y que el resultado es fulminante. La actitud que rodea su actividad es, además, ejemplar: se basa en ir a su bola en todo, y en ese todo está incluido no sólo qué va o no en una canción, sino el ritmo de trabajo y el replanteamiento continuo de la actividad en sí. Se mueven por pura necesidad artística, al margen de la maquinaria que envuelve lo musical (prensa, discográficas, etc), de la que sin embargo, y obviamente, no pueden evitar hacer un mínimo uso. Son una auténtica bomba, un incómodo grano en esa maquinaria. Y a pesar de lo que pudiera parecer, a la vez hacen bandera de una honestidad y comunión con su público que no abundan. Observemos y aprendamos, que algo así no ocurre todos los días. Y sobre todo, ¡escuchemos!
Las letras de Manolo logran conjugar en un mismo todo, sin abusar del contraste, elementos tan dispares como la depresión y la felicidad, el cinismo y la sinceridad, la acidez crítica y el optimismo, la certeza y la duda. Formalmente perfectas, siempre sorprenden, siempre tienen más jugo del que parece. Son unas poesías que agradan y a la vez descolocan por completo, a lo que contribuye en todo momento la inspiración musical con que ambos artistas las impregnan de belleza e inquietud a un tiempo. Aunque muchas veces los temas son cotidianos, aportan una visión de la vida especialmente incisiva y aguda, que estalla en pedazos al combinarse con una música tan amable y de apariencia tan casual. A mí me dejan en ese estado de apertura mental, de aquel “no hacer” que enunció Carlos Castaneda, atribuible al efecto de las paradojas.
Como en cualquiera de los demás, en Gran fuerza, el segundo álbum de su carrera, no hay canción mala. Pero ni de lejos. Las reflexiones sobre relaciones interpersonales dominan el grueso de las canciones (La culpa, Mírame a los ojos, Somos el uno para el otro, Me afecta, etc), y no tienen desperdicio alguno. Hay una de ellas que me emociona especialmente: La boda, en la que se muestra la disgustada sorpresa que recibe alguien ante el anuncio de boda de una pareja, digamos, “de la pandilla”. El pánico ante la maduración de los de alrededor, que anuncia la propia (No os caséis, no os caséis, vámonos a tomar algo [...] si, total, os da lo mismo) queda expresado aquí con una sutileza y un desconsuelo conmovedores, creíbles como la interpretación de un buen actor en un teatro. Sujetando esta suplicante letra subyace una combinación de melodía, acordes y estructura sencillamente genial. Doce sobre diez.
También está incluida en este disco la que es para mí la obra maestra de Astrud: El juego de la vida, sencillamente estremecedora, inigualable. No puedo explicar nada sobre ella, sólo recomendar su escucha.
Gracias por Astrud, Manolo, Genís. Me gusta muchísimo la obra de cientos de artistas, pero cada vez que os escucho quedo a pique de pensar, por contraste, que todo me parece una mierda... menos lo vuestro.
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